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miércoles, 30 de junio de 2010

“A mí no me nombres”

He leído con interés, tanto pero tanto, en este último tiempo que necesito un descanso. Los comentarios que han hecho todos en relación al trabajo realizado el último mes han sido por lo mas, elogiosos, las repercusiones por el seguimiento diario del tema: “el médano”, han llegado tan lejos que, de la importante prensa nacional, se han tomado el trabajo de conseguir mi teléfono particular y me han pedido cuantioso material que con satisfacción he hecho llegar. De todo lo que enviado no se publicó nada. Esto me hace reflexionar sobre mis condiciones de redactor y de denunciador de actos que van reñidos contra la ley y la moral. Sin ánimo de aportar ni un ápice de crítica a la polémica sobre la decencia del periodismo ni sobre esa dosis de mercantilismo que invade el gremio, quisiera tan solo recapacitar sobre lo que ha ocurrido. Estoy de acuerdo en que hay periodistas vulgares y poco éticos que tienden inconmovibles los trapos sucios de otros y me parece muy lamentable. Pero lamentable son también los espectadores que asisten a ese “circo romano” y no me vale argumentar qué es lo que ponen a disposición de un publico ávido de novedades, para justificar o rebajar el grado de culpabilidad de cada uno en todo este entramado mediático del que somos partícipes. Hace unos años asistí a un taller sobre periodismo que daban en Buenos Aires y la moderadora fue objeto de críticas por parte de la mayoría del público asistente, que la acusaban de hacer periodismo basura. La periodista insistía en que el abanico informativo es tan amplio que hay dónde elegir. Y ahí está el quid de la cuestión. Si se sigue haciendo un tipo particular de programas es porque el consumo es tal que los comunicadores no se arriesgan a apostar por espacios culturales serios, comunitarios, porque saben que están abocados al fracaso. Las producciones locales, casi caseras, o las temáticas, están llenas de propuestas serias y de calidad, pero con unas audiencias ínfimas y hasta lamentablemente ridículas. En muchos casos son programas caros de producir y por supuesto nada rentables y no olvidemos que la pauta oficial hace de musa inspiradora de cualquier editorial que se quiera desarrollar. Pero, no quiero minimizar la parte de culpa que tienen esos comunicadores que lanzan exabruptos a diestra y siniestra, o noticias injuriosas sin contrastar, incumpliendo el código ético del Periodismo. Estoy convencido que el día en que todos los oyentes, televidentes y lectores nos neguemos a ver y escuchar este tipo de informaciones, recapacitarán aquellos que lucran con las denuncias chabacanas. Pero soy muy escéptico, porque en el fondo todos somos muy sensacionalistas y nos gusta saber si el vecino de enfrente anda en algo turbio, o si la de al lado trabaja para fulano. En síntesis, queremos ¡sangre!

De esa forma, amortiguamos nuestros propios problemas e insatisfacciones y nos consolamos al pensar que si bien a nosotros no nos conviene expresarnos, está ése, que lo hace por nosotros…con qué recursos cuenta no nos importa, de dónde saca la información, tampoco. Si al fin y al cabo dice lo que queremos escuchar..

Pero cuando en un programa empezás a tener una editorial distinta porque no reparás en poderosos y débiles, y les das a todos el mismo trato, cuando un día apuntás hacia el oficialismo y encontrás miserias y fijás los cañones hacia la oposición y encontrás lo mismo, sonaste. Dejaste de ser confiable. Se te cierran las puertas. No identifican para

quién trabajás y pasaste a ser peligroso. Es mejor darle lugar a ése que representa a fulano que creerle y apoyar a este otro que andá a saber qué busca con todo esto.

Decía más arriba que, de importantes medios nacionales se contactaron conmigo y les facilité todo el material que recolecté el último mes. No publicaron nada. Perdón, me corrijo, publicaron algo que pareciera escrito por la oficina de Prensa del Municipio.

La foto de Tomys encadenado les interesaba a todos con desesperación. No fue publicada por ningún medio. Importantes intereses parece que se anteponen a las urgencias de toda una comunidad. Los distintos grupos referentes de la movida han tenido sus cinco minutos de fama y pareciera que están satisfechos con eso. No se dan cuenta que los han hecho cómplices de este desaguisado informativo para que salgan indemnes los poderosos. Y seguirá el mundo andando, y un día parecerá que aquel medio nos hizo el aguante, y que aquel periodista se la jugó, pero en la vida hay límites, hasta en una pequeña ciudad como ésta, donde nos conocemos todos y donde el ocultamiento y la manipulación de la información pareciera haberse convertido en una pasión incontrolable.

Alguno tendrá que seguir cuidando su empleo, otro deberá seguir cuidando la pauta, otro, sus anunciantes. La comunidad creerá que escucha lo que pasa, mientras los de siempre siguen haciendo negocios y riéndose con el adversario de turno.

Por eso, me parece que lo mejor es un descanso, a lo mejor de esa forma deja de sonar el teléfono, que viene sonando desde hace casi un año con denuncias que siempre terminan de la misma forma “a mí no me nombres”.

Eduardo Stivale

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